miércoles, 1 de junio de 2011

Poemas Malditos



El mote de “poetas malditos” tiene su origen en un libro de Paul Verlaine llamado “Les poetes maudits”, publicado en 1888. 
Los autores identificados bajo el apelativo de “poetas malditos” fueron el máximo exponente del artista bohemio, decadente y profundamente crítico con la sociedad de su tiempo. De todos ellos quien mejor representa la figura de poeta maldito será Jean Arthur Rimbaud, quien aún a todos los tópicos del artista genial: adolescente rebelde, poeta visionario, marginado social... Rimbaud vivió sólo 37 años, pero lo hizo intensamente.
El primero de todos ellos, Boudelaire, influido especialmente por Edgar Allan Poe, hizo de Las flores del mal (1857) su obra más famosa. Inmediatamente después de su publicación, el Gobierno francés acusó a Baudelaire de atentar contra la moral pública. No sólo le multaron, sino que censuraron algunos de los poemas, que no pudieron volver a leerse hasta 1949.
El uso de la expresión “poetas malditos”, ante la influencia de la obra de Verlaine, se extendió a todos los dominios nacionales y pasó a designar así a todo aquel escritor talentoso, poco importase su nacionalidad, que presentáse un dejo de incomprensión social y una cierta tendencia provocante  y cuyos textos, dado su alto nivel de codificación poética, fuesen de oscuros significados. Pero no solo se trata de autodestrucción, también existe una línea ideológica que los agrupaba como tales, casualmente todos llevaron vidas trágicas y con similitudes.

Se podría agregar, casi como una extraña coincidencia, que la mayoría de estos poetas padecieron una muerte abrupta y prematura, antes de que su herencia literaria fuese ampliamente reconocida: Arthur Rimbaud, ya es bien sabido, escribió todo lo que tenía que escribir hasta la edad de 21 años para luego partir a Africa y morir a los 37 años; Tristan Corbière muere en 1875 a la temprana edad de 29 años, luego de una vida de soledades y enfermedades por igual; Baudelaire muere a los 46 años luego de ser perseguido durante 10 años por “ofensa a la moral religiosa y a las buenas costumbres” luego de la publicación de su obra maestra “Las flores del mal“; Edgan Allan Poe fallece a los 40 años bajo circunstancias oscuras -aparentemente lo habrían emborrachado y drogado. Y la lista podría seguir extendiéndose. Luego una haber leído todo los significados de poemas malditos me atrevo a incluir algunos autores que llevan el titulo de “poetas malditos”,o “escritores malditos”, Alejandra Pisarnik, poeta Argentina cuya trágica infancia, ligada a los fármacos y constantes depresiones las cuales la llevaron a los 36 años al suicidio, bien podría ponerse el titulo de poeta maldita, H.P Lovecraf cuya vida también rozó lo oscuro y muere pobre de un cáncer y sin éxito a los 46 años, Elizabeth Eleanor Siddal, con una infancia sumergida en la pobreza, 1862 muere por suicidio con láudano, en fin hay muchísimas poetas mujeres que se suicidaron y sus vidas y sus obras las marcaban como poetas malditas. Espero les guste este aporte, cada poema expresa la triste oscuridad de sus almas, lo que nos han dejado estos maravillosos poetas malditos.

"El adjetivo maldito tendría entonces que ver con una temprana actitud de oposición frente a la sociedad, una vida complicada y una difícil interpretación poética. A partir de ésto podemos decir que la noción de “poeta maldito” se focaliza en el concepto de incomprensión: incomprensión social e incomprensión literaria". 



"Con esta denominación se intentaba agrupar a los poetas franceses que de una forma decidida había contribuido al desarrollo de la modernidad, que se caracterizaban no sólo por lo novedoso de sus ideas y poética, sino por su forma de estar en la vida, a contracorriente de todas las corrientes establecidas y academicistas del momento. Baudelaire, Rimbaud, el propio Verlaine y Mallarmé son cuatro de los principales representantes del Simbolismo, el movimiento que renovó la lírica en Francia a finales del siglo XIX.El movimiento simbolista nació en Francia hacia 1870 e introdujo un aspecto totalmente revolucionario: el verso libre. Los poetas dejaban así de estar sujetos a las normas de la métrica; estaban más interesados en percibir la realidad a través de los sentidos y en transformarla en poemas llenos de símbolos, sugerencias y resonancias musicales". 






Paul Verlaine

MI SUEÑO

        Sueño a menudo el sueño sencillo y penetrante
        de una mujer ignota que adoro y que me adora,
        que, siendo igual, es siempre distinta a cada hora
        y que las huellas sigue de mi existencia errante.

        Se vuelve transparente mi corazón sangrante
        para ella, que comprende lo que mi mente añora;
        ella me enjuga el llanto del alma cuando llora
        y lo perdona todo con su sonrisa amante.

        ¿Es morena ardorosa? ¿Frágil rubia? Lo ignoro.
        ¿Su nombre? Lo imagino por lo blando y sonoro,
        el de virgen de aquellas que adorando murieron.

        Como el de las estatuas es su mirar de suave
        y tienen los acordes de su voz, lenta y grave,
        un eco de las voces queridas que se fueron...

SOÑÉ CONTIGO ESTA NOCHE

        Soñé contigo esta noche:
        Te desfallecías de mil maneras
        Y murmurabas tantas cosas...

        Y yo, así como se saborea una fruta
        Te besaba con toda la boca
        Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.

        Era de una elasticidad,
        De un resorte verdaderamente admirable:
        Dios... ¡Qué aliento y qué cintura!

        Y tú, querida, por tu parte,
        Qué cintura, qué aliento y
        Qué elasticidad de gacela...

        Al despertar fue, en tus brazos,
        Pero más aguda y más perfecta,
        ¡Exactamente la misma fiesta!




Poemas

Charles Baudelaire (1821-1867)


Letanías de Satán

Oh tú, el ángel más hermoso y por ello
el más sabio.

Dios ajeno a la suerte y ayuno de alabanzas,
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!

Príncipe del exilio, a quien aborrecieron, y que
vencido aún te alzas con más fuerza,

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que todo lo conoces, oh gran rey subterráneo,

familiar médico de la angustia humana,
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!

Tú que incluso al leproso y a los parias más bajos
solo por amor muestras el gusto del Edén,

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Oh tú que de la muerte, tu vieja y constante amante,
engendras la Esperanza- ¡esa adorable demente!

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que das al perseguido esa orgullosa mirada
que en torno del cadalso condena a un pueblo entero.

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú,
que en el corazón de las putas enciendes el culto
por las llagas y el amor a las mortajas.

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Báculo de exiliados, lámpara de creadores,
confidente de ahorcados y de conspiradores.

¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Padre adoptivo de aquellos que, en su cólera,
del paraíso terrestre arrojó Dios un día.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!

Oración:
Gloria y loas a ti, Satán, en las alturas del cielo donde reinas y en las profundidades del infierno en el que sueñas, vencido y silencioso, haz de mi alma, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de ti repose, cuando, sobre tu frente, como una Iglesia nueva sus ramajes expandan.

El Vampiro



Tú que como una cuchillada
entraste en mi triste pecho,
tú que, fuerte cual un rebaño
de demonios, viniste, loca,
a hacer tu lecho y tu dominio
en mi espíritu humillado.
--Infame a quien estoy unido
como a su cadena el galeote,
corno al juego el jugador,
como a la botella el borracho
como al gusano la carroña,
--¡maldita seas, maldita!
Rogué al rápido puñal
que mi libertad conquistara
dile al pérfido veneno
que socorriese mi cobardía.
Mas ¡ay! puñal y veneno
despreciándome, me han dicho:
"No mereces que te arranquen
de esa maldita esclavitud,
¡imbécil! --si de su imperio
nuestro esfuerzo te librara,
tus besos resucitarían de tu vampiro 
¡el cadáver!"


Arthur Rimbaud 1854-1891


Ofelia


I

En las aguas profundas que acunan las estrellas, 

blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio, 
flota tan lentamente, recostada en sus velos... 
cuando tocan a muerte en el bosque lejano.



Hace ya miles de años que la pálida Ofelia 

pasa, fantasma blanco por el gran río negro; 

más de mil años ya que su suave locura 
murmura su tonada en el aire nocturno.



El viento, cual corola, sus senos acaricia

y despliega, acunado, su velamen azul;

los sauces temblorosos lloran contra sus hombros 
y por su frente en sueños, la espadaña se pliega.



Los rizados nenúfares suspiran a su lado, 

mientras ella despierta, en el dormido aliso, 

un nido del que surge un mínimo temblor... 
y un canto, en oros, cae del cielo misterioso.



II

¡Oh tristísima  Ofelia, bella como la nieve, 

muerta cuando eras niña, llevada por el río!
Y es que los fríos vientos que caen de Noruega 
te habían susurrado la adusta libertad.



Y es que un arcano soplo, al blandir tu melena, 

en tu mente traspuesta metió voces extrañas; 

y es que tu corazón escuchaba el lamento 
de la Naturaleza –son de árboles y noches.



Y es que la voz del mar, como inmenso jadeo 

rompió tu corazón manso y tierno de niña;

y es que un día de abril, un bello infante pálido, 
un loco miserioso, a tus pies se sentó.



Cielo, Amor, Libertad: ¡qué sueño, oh pobre Loca! .

Te fundías en él como nieve en el fuego; 

tus visiones, enormes, ahogaban tu palabra. 
–Y el terrible Infinito espantó tu ojo azul.



III

Y el poeta nos dice que en la noche estrellada 

vienes a recoger las flores que cortaste ,
y que ha visto en el agua, recostada en sus velos, 
a la cándida Ofelia flotar, como un gran lis.







Edgar Allan Poe 1809-1849


Solo

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Desde el tiempo de mi infancia no he sido 

como otros eran, no he visto 
como otros veían, no pude traer 
mis pasiones de una simple primavera. 
De la misma fuente no he tomado 
mi pesar, no podría despertar 
mi corazón al júbilo con el mismo tono; 
Y todo lo que amé, lo amé Solo. 
Entonces -en mi infancia- en el alba 
de la vida más tempestuosa, se sacó 
de cada profundidad de lo bueno y lo malo 
el misterio que todavía me ata: 
Del torrente, o la fuente, 
Del risco rojo de la montaña, 
Del sol que giraba a mi alrededor 
en su otoño teñido de oro, 
Del rayo en el cielo 
cuando pasaba volando cerca de mí, 
Del trueno y la tormenta, 
Y la nube que tomó la forma 
(Cuando el resto del Cielo era azul) 
De un demonio ante mi vista.



 A Elena


Te ví una vez, sólo una vez, hace años:
no debo decir cuantos, pero no muchos.
Era una medianoche de julio,
y de luna llena que, como tu alma,
cerníase también en el firmamento,
y buscaba con afán un sendero a través de él.
Caía un plateado velo de luz, con la quietud,
la pena y el sopor sobre los rostros vueltos
a la bóveda de mil rosas que crecen en aquel jardín encantado,
donde el viento sólo deambula sigiloso, en puntas de pie.
Caía sobre los rostros vueltos hacia el cielo
de estas rosas que exhalaban,
a cambio de la tierna luz recibida,
sus ardorosas almas en el morir extático.
Caía sobre los rostros vueltos hacia la noche
de estas rosas que sonreían y morían,
hechizadas por tí,
y por la poesía de tu presencia.
Vestida de blanco, sobre un campo de violetas, te vi medio reclinada,
mientras la luna se derramaba sobre los rostros vueltos
hacia el firmamento de las rosas, y sobre tu rostro,
también vuelto hacia el vacío, ¡Ah! por la Tristeza.
  ¿No
fue el Destino el que esta noche de julio,

no fue el Destino, cuyo nombre es también Dolor,
el que me detuvo ante la puerta de aquel jardín
a respirar el aroma de aquellas rosas dormidas?
No se oía pisada alguna;
el odiado mundo entero dormía,
salvo tú y yo (¡Oh, Cielos, cómo arde mi corazón
al reunir estas dos palabras!).
Salvo tú y yo únicamente.
Yo me detuve, miré... y en un instante
todo desapareció de mi vista
(Era de hecho, un Jardín encantado).
El resplandor de la luna desapareció,
también las blandas hierbas y las veredas sinuosas,
desaparecieron los árboles lozanos y las flores venturosas;
el mismo perfume de las rosas en el aire expiró.
Todo, todo murió,
salvo tú;
salvo la divina luz en tus ojos,
el alma de tus ojos alzados hacia el cielo.
Ellos fueron lo único que vi;
ellos fueron el mundo entero para mí:
ellos fueron lo único que vi durante horas,
lo único que vi hasta que la luna se puso.
¡Qué extrañas historias parecen yacer
escritas en esas cristalinas, celestiales esferas!
¡Qué sereno mar vacío de orgullo!
¡Qué osadía de ambición!
Más ¡qué profunda, qué insondable capacidad de amor!
Pero al fin, Diana descendió hacia occidente
envuelta en nubes tempestuosas; y tú,
espectro entre los árboles sepulcrales, te desvaneciste.
Sólo tus ojos quedaron.
Ellos no quisieron irse
(todavía no se han ido).
Alumbraron mi senda solitaria de regreso al hogar.
Ellos no me han abandonado un instante
(como hicieron mis esperanzas) desde entonces.
Me siguen, me conducen a través de los años;
son mis Amos, y yo su esclavo.
Su oficio es iluminar y enardecer;
mi deber, ser salvado por su luz resplandeciente,
y ser purificado en su eléctrico fuego,
santificado en su elisíaco fuego.
Ellos colman mi alma de Belleza
(que es esperanza), y resplandecen en lo alto,
estrellas ante las cuales me arrodillo
en las tristes y silenciosas vigilias de la noche.
Aun en medio de fulgor meridiano del día los veo:
dos planetas claros,
centelleantes como Venus,
cuyo dulce brillo no extingue el sol.


Alejandra Pisarnik  1936-1972

cenizas

Hemos dicho palabras,
palabras para despertar muertos,
palabras para hacer un fuego,
palabras donde poder sentarnos
y sonreír.

Hemos creado el sermón
del pájaro y del mar,
el sermón del agua,
el sermón del amor.

Nos hemos arrodillado
y adorado frases extensas
como el suspiro de la estrella,
frases como olas,
frases como alas.

Hemos inventado nuevos nombres
para el vino y para la risa,
para las miradas y sus terribles
caminos.

Yo ahora estoy sola
– como la avara delirante
sobre su montaña de oro –
arrojando palabras hacia el cielo,
pero yo estoy sola
y no puedo decirle a mi amado
aquellas palabras por las que vivo.


EL MIEDO
En el eco de mis muertes 
aún hay miedo. 
¿Sabes tu del miedo? 
Sé del miedo cuando digo mi nombre. 
Es el miedo, 
el miedo con sombrero negro 
escondiendo ratas en mi sangre, 
o el miedo con labios muertos 
bebiendo mis deseos. 
Sí. En el eco de mis muertes 
aún hay miedo.

Sortilegios

Y las damas vestidas de rojo para mi dolor , y con mi dolor insumidas en soplo, agazapadas como fetos de escorpiones, en el lado más interno de mi nuca, las madres de rojo que me aspiran, el único calor que me doy con mi corazón, que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender sola, cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que nadie me enseñó a llorar, y nadie me enseñará, ni siquiera las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración, con babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola, la que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de haber matado al rey que flota en el río, y mueve los ojos y sonríe pero está muerto, y cuando alguien está muerto, muerto está por más que sonría, y las grandes, las trágicas damas de rojo han matado al que se va río abajo, y yo me quedo como rehén en perpetua posesión.

EL INFIERNO MUSICAL

Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma.



Elizabeth Eleanor Siddal 1829-1862

La Lujuria de los Ojos.

No rezo por el alma de mi Dama,
aunque antaño haya adorado su sonrisa;
Su destino final no me atormenta,
ni cuándo su belleza perderá su encanto.
Sólo me siento a los pies de mi Dama,
mirando fijo sus ojos salvajes,
sonriendo al pensar cómo mi amor huirá
cuando su radiante belleza muera.
No me afligen las plegarias de mi Dama,
pues sordo yace nuestro Padre en el cielo.
Mi corazón late con alegre melodía
al sentir que su amor me ha sido otorgado.
Entonces, quién cerrará los ojos de mi Dama?
Quién doblará sus frágiles manos?
Alguien la asistirá cuando sus ojos lluevan,
mientras, silenciosa, camine hacia las Tierras Desconocidas?

 Un Bosque Silencioso.

Oh, silencioso bosque, te atravieso
Con el corazón tan lleno de miseria
Por todas las voces que caen de los árboles,
Y las hierbas que rasgan mis piernas.
Deja que me siente en tu sombra más oscura,
Mientras los grises búhos vuelan sobre tí;
Allí he de rogar tu bendición:
No convertirme en una ilusión,
No desvanecerme en un lento letargo.
Escrutando a través de las penumbras,
Como alguien vacío de vida y esperanzas,
Congelada como una escultura de piedra,
Me siento en tu sombra, pero no sola.
¿Podrá Dios traer de vuelta aquel día,
En el que como dos figuras sombrías
Nos agitamos bajo las hojas tibias
En este silencioso bosque?



Howard Phillips Lovecraft  1890-1937




Espejismo

No sé si existió alguna vez
Ese mundo perdido que flota oscuramente en el río del Tiempo,
Pero lo he visto a menudo, envuelto en una bruma violeta
y brillando débilmente al fondo de un sueño borroso.
Había extrañas torres y ríos con curiosos meandros,
Laberintos de maravillas y bóvedas llenas de luz,
y cielos llameantes cruzados por ramas, como los que tiemblan
Ansiosamente momentos antes de una noche invernal.
Grandes marismas llevaban a costas desiertas con juncales
Donde revoloteaban aves inmensas, y en una colina ventosa
Había un pueblo antiguo con un blanco campanario
Cuyos repiques vespertinos resuenan aún en mis oídos.

Oceanus

A veces me detengo en la orilla
Donde las penas vierten sus flujos,
Y las aguas turbulentas suspiran y se quejan
De secretos que no se atreven a contar.
Desde las simas profundas de valles sin nombres,
Y desde colinas y llanuras que ningún mortal conoce,
La mística marejada y el hosco oleaje
Sugieren como taumaturgos malditos
Un millar de horrores, henchidos por el temor
Que ya contemplaron épocas hace tiempo olvidadas.
¡Oh vientos salados que tristemente barréis
Las desnudas regiones abisales;
Oh pálidas olas salvajes, que recordáis
El caos que la Tierra ha dejado tras de sí;
Una sola cosa os pido:
Guardad por siempre oculto vuestro antiguo saber!



Astrofobos. 



Brillando en el cielo de medianoche,
Sobre los abismos etéreos y distantes,
Me acechaba, anhelante,
Una seductora, resplandeciente estrella;
Cada crepúsculo retornaba
Brillando en el Carro Ártico.
Místicas formas bellas se fundían
En sus gloriosos rayos dorados,
Fantasías de dicha descendían
En multitudes de elisíaco placer.
De sus coros de liras se extendían
Como cantos de Lidias melodías.
Pensé que el placer reinaba allí,
Donde el libre y el bendito habitan,
Y cada instante un tesoro traía
Envuelto en flores de loto,
Flotando en una nota líquida
Del laúd del viejo Israfel.
Allí, me dije, existen
Mundos de felicidad desconocida,
Donde la inocencia es alabada
En el trono de la coronada virtud;
Hombres de luz, de pensamientos
Más puros, más diáfanos que los míos.
Entonces sentí horror ante la visión,
Se tornó roja y delirante;
La esperanza se disolvió en burla,
La belleza en fealdad;
Himnos extraños se arrastraron,
Signos espectrales se mezclaron.
Carmesí ardió la estrella de la locura
Que antaño admiré tan bella;
Todo era triste donde hubo felicidad,
Y en mis ojos tembló una verdad;
Infames demonios salvajes desfilaron
A través de mi febril visión.
Ahora conozco la satánica fábula
Que surgía de aquel dorado esplendor;
Ahora evito la tétrica luz
Que en otra época amé con fervor;
Pero el horror, estable y mortal,
Acechará mi alma por siempre.























4 comentarios:

  1. Buena recopilacion, grandes autores, recorde Les poetes maudits, lei su primera edicion, aun la tengo es increible...

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  2. Me resulto muy interesante dar un poco de información sobre estos grandes poetas malditos, muchas gracias por comentar

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  3. un dia oscuro conoci tu luz maestro, un dia extraño, y mientras las tremulas alamedas de mi inocua existencian mecian en el aire mis temores, tu, y solo tu, me concedes la paz del submundo y me prometes tu tierra... ¿acaso cabe alguna duda de tu magnificencia entre los desterrados? sempiterno juan arturo... eres tu obra... siempre florecido atravez de los vergeles, tu alma pace hasta el mar de palestina maestro.

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